Cuernavaca 2.


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Ciudad de las flores

Fue un día lluvioso la primera vez

que me asomé a la ciudad de la eterna primavera.

Los campos lucían verdes y limpios por la lluvia.

Un vaho de nostalgia húmeda reinaba en el contorno.

Me dejó un sabor muy agradable,

sabor de clima templado y amable sol,

de montañas verdes, pobladas de pinos y robles.

Sabor de paz y de melancolía,

de luz y de alegría,

de serenidad.

He vuelto muchas veces.

Cuernavaca es siempre una ciudad de fiesta.

Por doquier se divisan flores,

en tal abundancia, colorido y variedad,

que bien bautizada está

como la ciudad de la eterna primavera.

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