Cuando la Cuaresma tiene un significado para mí

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El miércoles 9 de marzo iniciaremos en la Iglesia Católica el tiempo de Cuaresma, cuarenta días que culminan en la gran fiesta de la Resurrección de Cristo y rememora los cuarenta años que el pueblo de Israel pasó en el desierto mientras se encaminaba hacia la tierra prometida, hacia la liberación que tanto esperaban, con todo lo que implicó de fatiga, lucha, hambre, sed y cansancio...; pero al fin, el pueblo elegido gozó de esa tierra maravillosa que destilaba miel y frutos suculentos (Éxodo 16 y ss).

También para nosotros, como fue para los israelitas aquella travesía por el desierto, la Cuaresma es el tiempo fuerte del año que nos prepara para la Pascua o Domingo de Resurrección del Señor, cima del año litúrgico, donde celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado, la muerte y el mal; por lo mismo, la Pascua es la fiesta de alegría porque Dios nos hizo pasar de las tinieblas, a la luz; del ayuno, a la comida; de la tristeza, al gozo profundo; de la muerte, a la vida.

La Cuaresma ha sido, es y será un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre lleno de misericordia, si es que nos hubiéramos alejado de Él, como aquel hijo pródigo (Lucas 15, 11-32) que se fue de la casa del padre y le ofendió con una vida indigna y desenfrenada. Esta conversión se logra mediante una buena confesión de nuestros pecados. Dios siempre tiene las puertas de casa abiertas de par en par, y su corazón se le rompe en pedazos mientras no comparta con nosotros su amor hecho perdón generoso. ¡Ojalá fueran muchas las almas que valientemente volvieran a Dios en esta Cuaresma para que una vez más experimentaran el calor y el cariño de su Padre Dios!

Dentro de la Cuaresma, y este período de conversión, está el ayuno que tiene como objetivo vaciar nuestro corazón para llenarlo de algo más valioso. Es una necesaria limpieza del alma para atener la grandeza para la que Dios nos ha creado. Por eso te dejo estos tips, que sin duda te ayudarán a hacer de ésta, una Cuaresma más real, vivencial y medible; lo importante es que tu corazón al final se llene de Dios.

Ayuna de juzgar a otros; descubre a Cristo que vive en ellos.
Ayuna de palabras hirientes; llénate de frases sanadoras.
Ayuna de descontento; llénate de gratitud.
Ayuna de enojos; llénate de paciencia.
Ayuna de pesimismo; llénate de esperanza cristiana.
Ayuna de preocupaciones; llénate de confianza en Dios.
Ayuna de quejarte; llénate de aprecio por la maravilla que es la vida.
Ayuna de las presiones que no cesan; llénate de una oración que no cesa.
Ayuna de amargura; llénate de perdón.
Ayuna de darte importancia a ti mismo; llénate de compasión por los demás.
Ayuna de ansiedad sobre tus cosas; comprométete en la propagación del Reino, "porque no se trata de religión sino de amor y compartir la paz verdadera".
Ayuna de desaliento; llénate del entusiasmo de la fe.
Ayuna de pensamientos mundanos; llénate de las verdades que fundamentan la santidad y del verdadero amor y amistad de Dios, "porque el centrarnos en lo material, nos quita la paz, y el salir del yo para compartir con los demás, simplemente nos llena"
Ayuna de todo lo que te separe de Jesús; llénate de todo lo que a Él te acerque.

Así vivirás una Cuaresma que será un caminar al verdadero encuentro con Jesús, un caminar que te hará María, para acompañarlo en el camino del Calvario y animarlo a seguir subiendo; un Cireneo, que te hará ayudar a llevar la cruz de Cristo; una Verónica, que podrás limpiar el rostro de Jesús en la cara triste de un niño abandonado; un Centurión, que te hará exclamar:“verdaderamente era el hijo de Dios”; un buen ladrón, para recibir las palabras consoladoras de Jesús: “hoy estarás conmigo en el Paraíso”; un Juan, para acoger a María como Madre; un Jesús, para poder decir: “TODO ESTÁ CUMPLIDO”.