Cristiada

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La Cristiada es la historia de la persecución religiosa en México de 1926-29, del historiador francés Jean Meyer, avecindado y nacionalizado en México, que dio pauta al guión de la película hollywoodense del mimo nombre, que se exhibirá a partir de este viernes 20 de abril en más de 600 cines del país.

 

Guión, novelado hasta cierto punto, de una de las más grandes epopeyas mexicanas, cuando un gobierno cruel no dudó en ensangrentar a  nuestra Patria y atentar contra la inmensa mayoría católica, en una burda violación de la libertad más sagrada, la de creer y profesar una religión.

 

Ante las protestas por exacerbar las leyes antirreligiosas para desaparecer a la Iglesia Católica, el régimen profanó templos, desterró obispos fusiló  sacerdotes y seglares, quienes tomaron las armas para defender su religión.

 

Plutarco Elías Calles no esperaba tal respuesta, que fue coordinada por la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa; si bien había católicos que preferían la vía pacífica, como el boicot al pago de impuestos y compras de productos de negocios ligados al gobierno, que dio magníficos resultados y encolerizó más al déspota presidente.

 

La Liga invitó al destacado general Enrique Gorostieta a encabezar la lucha, preparar, dar cohesión y fijar estrategias a los grupos cristeros esparcidos en estados del centro del país, quien de ser ateo llegó a identificarse con la causa, al grado de abrazarla por convicción plenamente y convertirse en el principal soldado de Cristo Rey.

 

Gorostieta --interpretado por Andy García, protagonista del film-- unificó y dio consistencia a la rebelión cristera, que puso en grave predicamento al régimen de Calles y pudo ser depuesto. 

Plutarco se valió del embajador de EU, Monrrow para buscar un arreglo con los obispos, que negociaron al margen de los cristeros que éstos depusieran las armas a cambio de derogar algunas leyes anticatólicas y dejar otras sin vigencia, con lo que volvieron a reanudarse los cultos en las iglesias.

 

El gobierno violó el armisticio, pues mató a mansalva a muchos cristeros. Se instauró el llamado modus vivendi Iglesia-gobierno, que duró décadas con enojo de los masones, que desean borrar todo vestigio religioso en nuestro pueblo y, aunque no lo lograrán, no paran su lucha y han avanzado mucho últimamente, al perderse valores espirituales y sociales que forjaron al país.

 

No sólo  por su incuestionable fondo histórico y su magnífica producción, la película Cristiada merece verse y el episodio de la Historia Nacional que narra debe conocerse y recordarse, pues los políticos priístas e izquierdistas le han hecho un gran vacío.

 

La difusión mundial de este film de Hollywood –con actuaciones señaladas de Andy García, Eva Longoria, Eduardo Verástegui y Peter O’Toole, entre otros-- rescatará del olvido esta efemérides heroica para admirar la entrega de numerosos mexicanos, sobre todo humildes: hombres, niños, mujeres y sacerdotes, que ofrendaron su vida “Por Dios y por la Patria”.

 

A 20 mil se calcula llegaron los cristeros, todos eméritos de la Patria, como Anacleto González Flores, Miguel Gómez Loza y una pléyade de miembros de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM), Gorostieta, el sacerdote y general Pedro Vega y muchos otros clérigos y seglares.

 

Las damas de las Brigadas de Santa Juana de Arco prestaron servicios muy  valiosos de mensajeras y abastecedoras de alimentos, armas y parque a los levantados, de los que Juan Pablo II y Benedicto XVI canonizaron a unos 30.

 

Cristiada es un canto a la libertad, sobre todo a la libertad religiosa, que defendió con denuedo el Papa Benedicto XVI en su reciente primera visita a México y hoy quieren volver a atropellar masones y neoliberales que, sin duda, criticarán la exhibición del film, máxime en esta hora electoral.

 

Bien vale la pena ver y recomendar esta gesta de “la historia de México que te quisieron ocultar”, como dice su slogan publicitario. ¡Viva Cristo Rey!