Cristiada

ImprimirImprimirEnviarEnviarPDFPDF

La epopeya, durante décadas silenciada, de los cristeros llegó a la pantalla grande: no sorprende que el estreno de la película Cristiada haya sido todo un éxito. En efecto, en expresión de Sartori, el hombre contemporáneo es “homo videns”, para él lo real es lo que se puede ver, y de entre las realidades que se pueden ver, las películas ocupan un lugar destacado. El cine forma, expresa y representa; conforma y transforma en gran medida la conciencia social del hombre, hasta el punto de que si tu historia no merece ser contada por el séptimo arte, para muchas personas –el grueso del espectro social- carece de interés y relevancia.
Algunas voces discordantes recelan, pensando que se trata de abrir viejos expedientes, reavivar heridas ya cerradas, sepultadas en el olvido. Jean Meyer, en una interesante entrevista, recuerda cómo, cuando se disponía a comenzar su investigación sobre la guerra cristera en México, se encontró con las puertas de todos los archivos cerradas, tanto públicos como eclesiásticos, si bien por motivos diversos: los públicos para ocultar, pudorosamente, las atrocidades cometidas al amparo de la ley, los eclesiásticos para no encender el rescoldo de una hoguera recién apagada. Con gozo, sin embargo, hoy podemos afirmar que México está maduro, para escudriñar sin morbo, un pasado a la vez heroico, doloroso y cruel.
No es bueno dejar en el olvido “el mayor sacrificio humano colectivo en toda la historia de México”. No por nada se derramó esa sangre; es más, apenas ahora terminamos de recoger sus últimos frutos, al reconocerse por fin constitucionalmente el derecho de profesar públicamente nuestra fe. Recordar es un deber de justicia y una manifestación de madurez histórica, de estar reconciliados con nuestro pasado, y ser capaces de enfrentarnos con él sin miedos, con deseos de ahondar en la verdad, de comprender mejor quienes somos y quienes hemos sido, para proyectar con realismo aquello que queremos ser.
Si además, ese desvelar nuestro pasado para reconciliarnos con él está hecho con arte, como es el caso de la película Cristiada, el resultado no puede ser más esperanzador. ¿Por qué?, porque no basta con que el contenido del mensaje sea útil, relevante o rico, es necesario que la forma de transmitirlo sea la adecuada, y una película bien hecha técnicamente es un vehículo inestimable de transmisión de ideas: Cristiada cumple con estas expectativas sobradamente, y el público lo ha sabido valorar así.
No se abren los archivos para abrir heridas, sino para reconocer la gesta heroica de algunos de nuestros antepasados, así como la vileza en la que ha podido caer el poder constituido. La historia es maestra de la que debemos aprender y sacar experiencia. Carecer de memoria histórica no lo favorece, haciéndonos vulnerables, proclives a cometer los mismos errores del pasado.
Al gran público debía llegar la impresionante historia –hasta ahora ampliamente ignorada-, descrita así por Jean Meyer: “Jamás un movimiento insurreccional ha tenido contra él, en México, un ejército tan fuerte como el que puso en pie el general Amaro, ni un gobierno tan firmemente apoyado por Estados Unidos; jamás un movimiento insurreccional ha tenido, con tan pocos medios, tantos partidarios animados por tanta perseverancia”. De hecho, algunos de los actores mexicanos que participaron en el filme, confesaron con sinceridad en rueda de prensa, su ignorancia absoluta sobre esta página de la historia mexicana.
No deben preocuparse, en consecuencia, los que temen que la película pueda fomentar la división en nuestro país. No deben temerlo porque los ideales que la animaban, eran y son completamente legítimos: libertad religiosa. No deben temerlo, porque el espíritu que la animaba era cristiano. El agregado militar norteamericano de la época comentaba: “Se esperaba que, terminada la guerra religiosa, un gran número de cristeros se volverían bandidos. Esto no ocurrió’. ¿Por qué?, porque eran cristianos. Análogamente ahora la película no va a dividir el país, ¿por qué?, porque ofrece valores cristianos.