Construir el hábito de la vida interior


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Para
que ustedes puedan construir un hábito vigoroso y permanente de vida
interior, yo les quiero recomendar que presten una especial atención a
su vida de oración, a esos momentos de diálogo personal con Él, de
contacto íntimo y cordial con el Amor. ¡Que su oración esté amasada de
fe, humildad, agradecimiento, adoración, confianza, silencio,
perseverancia, para que Dios sea el dulce huésped de sus almas y para
que su corazón esté siempre protegido contra el hechizo del mundo
sensual, materialista y orgulloso! Amen la oración, anhelen
ansiosamente disponer de un tiempo para el amado, tengan sed de
oración, y por ningún motivo del mundo la releguen o la dejen para
después. Especialmente amen la oración ustedes, que tienen más el
peligro de que el activismo seque su alma y haga estéril su vida
apostólica, para que el agua de la oración riegue sus corazones y así
su vida "será como el árbol plantado a la vera de las aguas, que echa
sus raíces hacia la corriente y no teme la venida del calor, conserva
su follaje verde, en año de sequía no se inquieta y no deja de dar su
fruto" (Jr 17,8).