¿Cómo puede una persona de mi edad discernir su vocación al sacerdocio?

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¿Cómo puede una persona de mi edad discernir su vocación al sacerdocio?

Rogelio pregunta:

Estimado P. Ricardo,

Sé que Dios me llama a ser sacerdote. Pero en agosto cumplo 42 años. Quisiera saber a dónde debería dirigirse una persona de mi edad para iniciar un proceso de discernimiento vocacional y de preparación al sacerdocio. He rezado mucho y veo claramente que Dios me llama. Pero viene lo más difícil: a dónde ir. ¿Tiene algunas sugerencias?

Querido Rogelio,

Probablemente tengas alguna idea del tipo de sacerdote que Dios te invita a ser. Quizás te has sentido atraído por el sacerdocio diocesano en una parroquia, o bien por la idea de ser misionero, o un religioso contemplativo.

Si tu atracción es más bien hacia el "sacerdocio" a secas, creo que lo más seguro es que investigues la posibilidad del sacerdocio diocesano. Para ello, lo mejor será que te pongas en contacto con el director de pastoral vocacional de tu diócesis. Seguramente hablarán ambos y él te ayudará a discernir si la llamada que sientes es auténtica. No te sorprendas de esto: aunque sentimos la llamada en nuestro interior y la convicción en el corazón, toda vocación tiene que pasar por el discernimiento de la Iglesia. Si el director de vocaciones o tu obispo descubre en ti los signos de una vocación, seguramente ellos sabrán a qué seminario enviarte.

Si en cambio te atrae la vida religiosa y comunitaria, puedes pedirle un directorio de órdenes y congregaciones y estudiar cuál es la misión de cada una, su carisma, etc. Leyendo esto delante de Dios, seguramente descubrirás el lugar al que te llama. Luego podrías ponerte en contacto con ellos y seguir el proceso de discernimiento, teniendo presente que para algunas congregaciones, por motivos diversos, tu edad puede ser algo que muestre que Dios no te llama por ese camino.

En todo esto, no olvides que es Dios quien llama y a nosotros nos corresponde, a la luz del Espíritu Santo, dejar que Él nos guíe por donde el quiera, dándole un sí generoso como el de María cada mañana.

Te encomiendo para que descubras lo que Dios quiere de ti.