¿Cómo escucho la voz de Dios?

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¿Cómo escucho la voz de Dios?

Sixto pregunta:

Padre, frecuentemente escucho en misa o en charlas con sacerdotes o personas religiosas que tengo que aprender a "escuchar la voz de Dios". Yo quiero escuchar, pero, por más que intento orar, simplemente no oigo nada. ¿Qué puedo hacer para mejorar mi vida de oración? Tengo claro que si no oro, no puedo descubrir mi vocación, y por eso lo necesito tanto, sobre todo ahora, que estoy pensando seriamente en el matrimonio. ¡Gracias! Espero verlo pronto.

Muy querido Sixto,

Felicidades por tu interés y deseo por aprender a orar. Esto es ya un gran don de Dios y un buen inicio para emprender el camino del diálogo con Dios.

Quizás algo que te esté pasando es que estés confundiendo un "método de oración" con la oración misma. Un método es como una guía, una ayuda, un sostén para aprender a dialogar con Dios... pero lo importante no es el método sino el encuentro personal con Dios. Ahora bien, cuando uno inicia la vida de oración, ayuda mucho valerse de la experiencia de grandes orantes, como pueden ser los santos, o sacerdotes, religiosas o laicos que tienen una fuerte experiencia de Dios.

Uno de los elementos más importantes para escuchar la voz de Dios es el silencio interior. Hay muchos ruidos en nuestra vida, muchas voces, y eso a veces nos confunde, no nos permite escuchar a Dios. Haz la prueba, por ejemplo, de quitarte algunos momentos de música. Ten el valor de apagar tu iPod... y empieza a crear el ambiente propicio para escuchar al Señor.

Otra posible dificultad es que confundas orar con repetir fórmulas de oraciones como pueden ser el Padre Nuestro, el Ave María y hasta el Angelito de la guarda... La oración vocal tiene un valor indudable, pero para escuchar hace falta callar un poco, darle vueltas en el corazón a las palabras que decimos... y hacer que las digamos también con el corazón. En este sentido, el Rosario es una gran ayuda, pues no consiste en repetir Ave Marías, sino en contemplar con María el misterio de Cristo que se considera (su nacimiento, su crucifixión, su resurrección, etc.): contemplar con María el rostro de Cristo.

Una ayuda estupenda es la Sagrada Escritura, especialmente los evangelios y los salmos. Ahí Cristo te está hablando, y conviene que, en silencio, consideres las palabras del Señor que te dirige a ti en la realidad de tu vida cotidiana, que veas lo que hace por ti y para ti (un milagro, una curación, una llamada de atención, etc.), y lo que Él siente. Así vas logrando "tener en ti los mismos sentimientos de Cristo" (Flp. 2,1ss).

Naturalmente esto no es fruto de técnicas humanas. Es un diálogo y encuentro con Dios en la fe. Acostúmbrate a buscar la mano de Dios en todo, aunque no lo sientas, aunque no lo veas. Él está ahí: Él sí te ve y sí te escucha. Y pídele con humildad que se te revele.

El P. Marcial Maciel LC suele decir que hay que insistirle a Cristo: "Revélateme, Señor. Revélate a mi corazón". Él quiere hacerlo, basta que tú se lo pidas con humildad para ser un gran orante.

Y así, podras habituarte a escuchar el lenguaje de Dios, la voz de Dios, para descubrir qué es lo que Él te pide.

En está tarea, acércate a María. Ella también enseñó a orar a los apóstoles en Pentecostés y también te puede guiar a ti.

Espero, yo también, volver a encontrarte pronto. Si gustas, podemos tratar éste y otros temas. Cuenta con mis oraciones.