Big Brother Brasil (BBB) “un zoológico humano divertido”

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Al encender el televisor nos encontramos con una tendencia cada vez más pronunciada a revelar lo más íntimo del ser humano. No es algo nuevo, ya lleva varios años, pero parece que los límites ya están siendo olvidados, y el caso más claro es el BBB. 

BBB son las siglas de Big Brother Brasil, que en palabras del mismo presentador del programa, Pedro Bial, se podría definir como un “zoológico humano divertido”. Sin embargo no todos están muy de acuerdo con este millonario programa de la Rede Globo, que en los últimos meses ha tenido varios tropiezos con una infinidad de reacciones, especialmente de la élite intelectual y cultural brasileña.

La actriz brasileña Betty Faria se refiere al programa como “un deservicio a la población. Pero yo entiendo por qué le gusta a la gente: porque han sido mal educados, escolaridad pobre y poca cultura” una opinión algo fuerte pero que nos puede llevar a entender el porqué de un ranking tan alto.

Otro actor brasileño, Paulo Betti, afirmaba con disgusto: “La televisión tiene una función educativa, cultural e informativa. Lo que se ofrece en la televisión abierta (refiriéndose al citado programa), son producciones pobres. Las personas son tratadas de forma medio infantil”.

Las cosas no se quedaron sólo en el ámbito cultural o televisivo: el mismo Luis Fernando Veríssimo, escritor y cronista brasilero, se ha referido al programa como un atentado a la modesta inteligencia del pueblo brasileño. Ha catalogado el programa como un ente balizador del sexo. Con estos comentarios se puede tener una idea más clara de lo podría estar pasando, pero veamos antes un poco de historia para conocer de donde viene tan descabellada idea.

 

El origen de esta atrofia socio-cultural

En septiembre de 1999 la televisión holandesa tuvo la idea de agasajar la novela del reconocido autor  George Orwell, "1984", creando un programa de televisión cuyo nombre hacía alusión a uno de los personajes del libro. En dicha novela el autor imaginaba cómo sería el mundo en el año del título (la escribió en 1948) y en esa predicción veía a los hombres viviendo bajo la vigilancia de alguien que todo lo veía y controlaba, llamado el "Gran Hermano".

El éxito fue inmediato y la idea fue vendida para otras grandes de la televisión. Así, ese pequeño mundo donde el ser humano renuncia a la intimidad por un poco de dinero, se convirtió en uno de los programas con mayor ranking televiso en la historia.

Participar en un programa de estos o verlo, lejos de ser una “gallardía” o un “privilegio”, no es siquiera ético pues se trata de la invasión a lo único de lo que es poseedor total el hombre, su intimidad, su ser, aquello a lo que nadie tiene acceso más que uno mismo; y es increíble que uno renuncie a sí mismo por cierta cantidad de dinero así sea mucho, jamás podrá compararse en lo más mínimo, hay una distancia total.

Los últimos escándalos en la versión en Brasil, como el estupro de una de las participantes y la transmisión del programa en horario “noble” han hecho que las cosas tomen un ambiente más serio, y como decía antes, varios personajes intelectuales y artísticos hay comenzado a boicotear este insulto a la dignidad y a los valores de la persona.

 

El caso Brasil desde los ojos de Veríssimo

Sin embargo la paciencia de Luis Fernando Veríssimo, llegó a su fin hace unas semanas cuando escribió un artículo lleno de duras palabras contra el programa. Es de destacar su mención sobre la banalización sexual que promueve el programa. Declaró que es imposible asistir un programa al lado de los hijos, donde gays, lesbianas, heterosexuales hacinados en una misma casa viven en la más absurda voluptuosidad.

Después de esto hizo referencia al presentador del programa, Pedro Bidal. Reconocía las capacidades de éste como documentalista y periodista, sin embargo al final no perdonó ni condescendió en su lenguaje directo, y le echó en cara que el programa es la muerte de la cultura, de los valores y principios, de la moral, de la ética y la dignidad.

Igualmente Veríssimo hizo énfasis en la antítesis que reina en el programa: mostrar a personas sin una estabilidad emocional como héroes o ejemplos a seguir. Veríssimo tomó como referencia un comentario de un periodista “acéfalo”  que comentó en un intervalo de la programación que para ganar el premio del Big Brother, los participantes tenían que recorrer un camino arduo y difícil, que eran unos verdaderos héroes. Veríssimo casi obstinado con la desfachatez del comentario reacciona con una larga lista de los verdaderos héroes que recorren ese camino arduo: “millones de brasileños, profesionales de salud, profesores, encargados de los correos, de la basura, trabajadores incansables que, diariamente, pasan horas ejerciendo sus funciones con dedicación, competencia y amor, y casi siempre son mal remunerados. Héroes son millones de brasileños que no tienen un plato de comida diario ni un colchón para dormir, y a pesar de eso son capaces de sobrevivir cada día”.

Veríssimo termina destacando que “el programa no es un programa cultural, ni educativo, ni ayuda a crecer en conocimientos intelectuales a los telespectadores, ni a los participantes...” y continúa diciendo “que no hay incentivos para el deporte, la música, la creatividad o la enseñanza de conceptos como valor, ética, trabajo o moral. Se da apenas peso a personas que se la pasan entre comer, beber, tomar el sol, chismorrear, dormir y actuar de la forma más estúpida para que al final, el escogido reciba un millón y medio de reales”.

 

El circo donde la intimidad es morbo

Siendo objetivos el programa tiene varios efectos y consecuencias en los telespectadores, tales como una formación pobre, en la que los ideales de vida se basan en una vida mediocre, donde trabajar, estudiar, formarse no es necesario. Bien se sabe que para vivir se necesita sustento y esfuerzo tanto económico, como laboral y emocional, todo lo contrario a lo que promueve un espectáculo donde las personas viven quitadas de la pena, haciendo el ridículo y divirtiéndose. La vida que muestra el programa es irreal y por lo tanto insustancial, pues no aporta nada en el crecimiento humano de las personas.

¿Qué es lo que tanto llama la atención en el programa? Sin querer juzgar a nadie, es fácil ver que los participantes son personas que han crecido bajo un ambiente no muy propicio para el desarrollo de los valores fundamentales ya que provienen de familias desintegradas, de ambientes extremos o actividades extravagantes. Lo importante es que tengan “algo” que llame la atención, no importa lo que sea y que estén dispuestos a todo, incluso a “desnudar su vida”; pero los encargados de los medios de comunicación saben que es mucha la necesidad de intimidad que tiene el ser humano y que cuando ésta es pobre en su propia vida, la busca en las vidas ajenas; así que, confiados están en que los espectadores no dudaran en ver tantas y tantas historias e intimidades plasmadas en una pantalla chica o grande.

Evidentemente es una pena que lo más ínfimo del ser humano se ostente de tal manera: el sufrimiento, la tristeza, el llanto, el dolor, el enojo, las locuras, los resentimientos y más, se ha caído en lo más bajo y es un hecho deplorable por donde se vea desde las personas que se prestan a ello y desnudan su ser, las televisoras que hacen de la intimidad, de la vida y del horror humano un negocio y de aquellos que miran estos programas, pues en el fondo no hay nada que pueda enriquecerles, al contrario los hace seres triviales y vacíos.

La intimidad no sólo hay que tenerla como algo propio e intangible, sino que también hay que protegerla, hay que salvaguardarla. En otras palabras, la intimidad, para que sea respetada, hay que hacerla respetable. Nos encontramos ante  un problema moral y, si es verdad que la moral no puede ser impuesta por la Ley, también lo es que la vida del hombre público su moral privada forma parte de su personalidad, de su imagen, de su responsabilidad.