Barreras que separan

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John Boyne escribió un tierno y emocionante libro que les recomiendo leer:
El niño con el pijama de rayas.
Se trata de un texto que describe, desde los ojos de un muchacho de 9 años,
uno de los períodos más infaustos de la historia de la humanidad. Dos mundos
antagónicos, separados apenas por una interminable muralla de alambre que
experimentan el mismo drama y la misma tragedia. A través del pequeño Bruno
comprendemos el daño tan grande que se genera cuando levantamos muros que
nos aíslan de nuestro prójimo ya sea con silencios, indiferencias,
desprecios, prejuicios concebidos por problemas mal sobrellevados, por amor
propio herido, por orgullo o susceptibilidad. Los muros siempre tienen dos
frentes y ejercen el mismo efecto hacia ambos lados, por lo cual nunca hay
un ganador y un perdedor. El muro de Berlín se puede levantar en el seno de
una familia, en un aula de clases, en una oficina. ¡Cuántos corazones
cruelmente amurallados por el odio! No podemos permitir que se sigan levanto
muros entre los pueblos fomentando odios o entre las naciones. La peor
prisión, decía el Papa Juan Pablo II, es un corazón incapaz de amar.