Aspire a amar mucho


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Usted
tiene buena madera para trabajar y hacer mucho por este Reino; pero ya
ve que lo bueno nunca se da en nosotros los humanos en estado de
perfección pura, sino mezclado con alguna que otra miseria personal. Y
la lucha contra estas miserias es, como usted dice en su programa, una
preciosa mina de santidad y también de gracias para apoyar nuestros
trabajos apostólicos. Por eso, más que aspirar a no tener un día
defectos, aspire a amar mucho y apasionadamente a Jesucristo. Nunca se
desaliente al constatar sus faltas, sus estancamientos o retrocesos;
todo eso nos ayuda a crecer en la humildad, nos lleva a la oración de
ayuda, nos libra de la vanidad y autosuficiencia. Dios, con
determinadas almas que necesitan ser humildes, usa esta pedagogía;
parece que quiere dejar bien claro que quien nos santifica es Él y no
nuestros esfuerzos y previsiones, aunque éstas también cuentan.