Apostolado en el hogar

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En su libro ¡Levantaos! ¡Vamos! El Papa Juan Pablo II escribe: “el deseo de santidad se desarrolla mucho mejor cuando encuentra a su alrededor el clima favorable de una buena familia. ¡Qué importante es el ambiente familiar! Los santos generan y forman santos” (p. 96). Y continúa su libro ¡Levantaos! ¡Vamos!: “Los laicos pueden realizar su vocación en el mundo y alcanzar la santidad no solamente comprometiéndose activamente a favor de los pobres y los necesitados, sino también animando con espíritu cristiano la sociedad mediante el cumplimiento de sus deberes profesionales y con el testimonio de una vida familiar ejemplar. No pienso sólo en los que ocupan puestos de primer plano en la vida de la sociedad, sino en todos los que saben transformar en oración su vida cotidiana, poniendo a Cristo en el centro de su actividad. Él será quien atraiga a todos a sí, “saciando su hambre y sed de justicia” (Mt 5,6)” (p. 107). 

En el Encuentro Internacional sobre Afectividad (19-21 de mayo del 2006),José Antonio Alcázar Cano decía: es un error pensar con el corazón, hay que pensar con la cabeza y educar el corazón. La educación de la voluntad está en las virtudes básicas: la fortaleza y el autodominio. 

Si los hijos no hacen cosas buenas, nunca serán buenos. José Antonio Alcázar Cano seguía: Hay una cosmética de virtudes, en vez de una ética de la virtud. 

¿Cómo consigo hijos fuertes? Lo lograré si hacen lo que tienen que hacer a pesar de que no les apetezca. Que estudien con o sin ganas, que coman de todo. A veces algún hijo puede decirte:

—No como porque vomito.

—Vomita. La casa es nuestra. Comerás menos, despacio o renegando, pero has de comer. 

Que los hijos se acostumbren a hacer el bien para después saborear los frutos del bien. Es bueno que se sientan bien si hicieron el bien, y que se sientan mal cuando hicieron el mal. Eso sí, acompañarlos, fomentar el encuentro personal con cada hijo. 

— Fulano vive con su novia.

— ¿No estará estropeando su historia de amor?

— ¿Por qué hago mal?— Saber razonarle el por qué de sus principios.

 

Al hijo varón, sobre todo, hay que enseñarle a expresar lo que siente. La mujer se entrena a ello desde chiquita. 

Objetivos:

    * Enseñar a conocerse

    * Enseñar a reconocer los sentimientos de los demás

    * Enseñar a expresar sus emociones.

Medios:

Juego y cuentos, historias, dramatizaciones, convivencia familiar. 

Hay jóvenes que se enfrentan a la droga porque no saben cómo decir que no; no saben expresarse. Dar la formación con gradualidad y con orden. 

Esta generación tiene que reinventar la orientación familiar. Hace falta una movilización pues nos estamos jugando el futuro de nuestra juventud. Estamos en un momento en que la gente de bien debe proponerse hacer algo. Si te sale mal, no te preocupes, al segundo intento lo harás mejor.

En Los colegios, dar a la gente permiso para equivocarse. Así las cosas salen mejor. 

Hemos descubierto la educación de las virtudes, de nombre. Las virtudes no se adquieren por repetición de charlas, sino de actos. La educación del corazón es más compleja. Preguntaba un señor:

— ¿Cómo le puedo decir a mi hijo lo mucho que lo quiero?

— ¡Dícelo y ya!

— Me da vergüenza.

Hay que dejar que exponga lo que trae en su corazón. 

Un experto europeo, Jokin de Irala, decía: “Ha habido una información sexual indiscriminada cuando ha habido poca formación en la afectividad, por eso se ha elevado el índice de embarazo adolescente. La educación sexual sin valores es una invitación a experimentar. Es un problema serio de educación pública. La educación sexual se debe integrar con la educación de la afectividad”. 

Los medios de comunicación social conforman una manera de ver la vida, y la conforman a través de los sentidos. Esta intensa comunicación genera generaciones que se centran en lo sensorial. Se está perdiendo la capacidad de asombro. Y esto tiene mucho que ver con la felicidad. Los efectos negativos de ver mucha TV son: se pierde capacidad de asombro (se trivializa el crimen). Se pierde contacto con la realidad (se pierde la proporción y hay confusión), y perdemos contacto con nosotros mismos: hay vacío existencial.(Josemaría Barnils). El periódico, la TV , la prensa, el mercado... invaden la vida cotidiana. El hogar no debe ser sólo un refugio sino el fuego de vitalización, dice Carlos Llano. 

Educar ha de ser una labor creadora y positiva, pues –como ha escrito C. S. Lewis–, el objetivo del educador no puede ser talar bosques, sino fertilizar desiertos.