Ánimo, Montoya!


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Después de una larga espera, todos vimos por fin a Juan Pablo Montoya subido en el podium de los campeones, con la copa en la mano derecha y un ramo de flores en la izquierda. Con los brazos en alto como símbolo de la victoria.
Este triunfo que a todos nos conmovió no se logró de la noche a la mañana. Por si alguno lo ha olvidado, Montoya ha pasado prácticamente toda su vida soñando en conquistar esta meta. A pesar de su corta edad, los años de su vida han transcurrido entre entrenamientos y capacitaciones. Al inicio su nombre nadie lo conocía. Los grandes triunfos se consiguen poco a poco, se sazonan en el silencio, día a día, con grandes dosis de ilusión, constancia y sacrificio, contra viento y marea. Y me imagino que en la vida de todo hombre será lo mismo. De minikarts pasó a karts. Luego conquistó la fórmula 3000 europea, las 500 millas de Indianápolis... y finalmente, oteó en el horizonte de su carrera la fórmula uno. Allí tuvo que esperar quince intentos hasta lograr su primer triunfo.
Únicamente sube al podium de la victoria aquél que vive con un ideal, lo realiza con paciencia, sin desfallecer y creciéndose antes la dificultades. ¡Ánimo, Montoya!