Alguien que se queda


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¡Qué variedad de sentimientos ha vivido el mundo desde la muerte de Juan Pablo II! La misma plaza de san Pedro que lloró su despedida, exulta de gozo ahora con la elección del nuevo Papa. Las mismas campanas doblan y repican con distinto sentimiento. Acerca del primero ¿qué podemos decir? Que parece que se fue, pero no se ha ido. Se quedará en los corazones de todos los que le vimos sonreír, de los que le escuchamos sus palabras de aliento y de confianza, de los que recibimos tantos consuelos espirituales a través de su ejemplo de vida santa y entrega totalmente a Dios. Los hombres de bien no mueren jamás. Y del segundo ¿qué podemos decir? Que se trata de otro santo que ha comenzando a quedarse entre nosotros por su humildad y sencillez, por su profundo espíritu de caridad y comprensión, por su servicio a todos los hombres como probadamente lo tenemos conocido. Su misión será el ser testigo de la verdad, como Juan Pablo lo fue de la esperanza. Una luz brillará con nuevo resplandor en medio de este mar agitado por las olas de la confusión, la rebelión y la mentira. Entre más negra sea la noche, mayor será la fuerza de su luz. ¡Cuánta paz nos da saber que esta luz jamás se extinguirá!