Algo exótico


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Cuando era niño la hermana de mi mamá me regaló la bicicleta que tanto anhelaba. La espera fue larga porque desde que me caí de la bicicleta y por poco me quedo sin dientes, mi mamá se obstinó en no volver a comprarme una bicicleta.

Salí ese día por la mañana a pasear con mi nueva bicicross de dieciocho cambios. Mis amigos estupefactos miraban mi nuevo regalo, mientras yo sonriente recorría las calles del pueblo. Regresé a mi casa sucio como no lo había estado en meses ¡Había disfrutado mi nuevo regalo! Al entrar en casa, me dijo mi mamá -¿no agradeces a tu tía el regaló?- Mi tía, sonriente le dijo mirándome con gran cariño –ya me lo había agradecido con un beso-.

La gratitud es una virtud exótica que florece en pocos corazones desgraciadamente. Es penoso ver cómo se va perdiendo la costumbre de valorar aquello que los demás hacen por nosotros, desde los oficios más sencillos hasta los servicios más extraordinarios. A veces nos cuesta apreciar todas las atenciones que las personas que viven a nuestro lado tienen para con nosotros. Abre los ojos y date cuenta de cuantas veces eres objeto de alguna delicadeza o de algún favor que se te brinda. Nadie es lo suficientemente pobre como para no tener la oportunidad de decir: gracias.