Alegría y optimismo

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Que importante es que caminemos in novitate sensu, con la novedad de encontrar que todo es gracia, que cada día supone un regalo inmenso de Dios a cada uno. Pero hoy, ya no es tan fácil encontrar la alegría; de hecho, se ha vuelto más bien excepcional.  

Un documento antiguo explica: Una persona alegre obra el bien, gusta de las cosas buenas y agrada a Dios. En cambio, el triste siempre obra el mal (PASTOR DE HERMAS, Mand. 10, 1).

San Josemaría escribía: “Tu felicidad en la tierra se identifica con tu fidelidad a la fe, a la pureza y al camino que el Señor te ha marcado”. (Surco, n. 84). Y también dice: “Si cortas de raíz cualquier asomo de envidia, y si te gozas sinceramente con los éxitos de los demás, no perderás la alegría”. (Surco, 93).

La alegría es uno de los más poderosos aliados que tenemos para alcanzar la victoria (1 Marcos, 3, 2). Este gran bien sólo lo perdemos por el alejamiento de Dios (el pecado, la tibieza, el egoísmo de pensar en nosotros mismos), o cuando no aceptamos la Cruz, que nos llega de diversas formas: dolor, enfermedad, contradicción, cambio de planes, humillaciones.  

En tiempos de los primeros cristianos (Hch 2,46), había una característica que llamaba poderosamente la atención de todos: la alegría. Estaba muy cercano el paso de Nuestro Señor Jesucristo entre ellos. Cuando se reunían en la Eucaristía, algunos de ellos aún tendrían el recuerdo de Jesús bendiciendo el pan y repartiéndolo. Pedirle a Dios conocer la libertad de los hijos de Dios.

En su artículo “Soluciones inteligentes”, Alfonso Aguiló dice:

“Todos tenemos experiencia de cómo el simple hecho de dar vueltas a un pensamiento negativo (ya sea de envidia, rencor, crítica, tristeza, etc.), acentúa nuestras percepciones negativas... Si se sigue así..., ese diálogo interior nos acaba llevando a una situación en la que probablemente el asunto quede fuera de toda proporción. ¿A qué se debe? A la fuerza de nuestras imágenes mentales. Y esas imágenes mentales no estaban al principio, las hemos aportado nosotros. Nos hemos ido haciendo una película en la que la imagen, la música y los diálogos nos han conducido a un estado emocional muy negativo. ¿Cuál es la solución? Llegar a ser el director de esa película, no un simple espectador.

¿Te has visto alguna vez atormentado por un diálogo interior incesante, por una de esas situaciones en las que la mente gira a gran velocidad y parece casi imposible de parar? Muchas veces nuestra mente dialoga consigo mismo de modo interminable, sopesando pros y contras de una decisión intrascendente, buscando un nuevo argumento para darnos la razón en una antigua discusión, o acumulando agravios sobre determinada persona.

Haz un esfuerzo por hacerte con el mando de esa voz, de esa música y de esas imágenes. No dejes que se te llene la cabeza de ideas recurrentes sobre tus grandes cualidades advertidas o inadvertidas por todos, ni sobre tus grandes limitaciones igualmente advertidas o inadvertidas por todos, ni sobre los grandes defectos o cualidades de los demás, lo que te han hecho o dicho o dejado de decir. (...) Piensa si te tratas con el afecto y la comprensión, y también la exigencia, con que debes tratar a cualquier amigo al que aprecias de verdad y quieres ayudar a mejorar”.

Señor: Tú quieres que estemos contentos. Razones para quejarse hay abundantes, pero como cristianos tenemos una razón para estar contentos: que Dios existe y está con nosotros.

El mejor modo de servir a Dios es con alegría: sembrar con paz y alegría. Cristo ha venido a salvar, no a atormentar. Si hay algo de negativismo en nuestra vida, es señal de no estar en el camino adecuado. Hay almas que se quejan continuamente; eso supone no comprender la Encarnación del Hijo de Dios. Jesús da una alegría que no da el mundo.

Refiriéndose a los cristianos, Paul Claudel decía: “enséñales que su única obligación es la alegría”, porque un testimonio dado con amargura, no sirve.

Santo Tomas Moro hizo la Oración del buen humor, que dice:  

Señor, dame una buena digestión, pero también algo para digerir. Dame la salud del cuerpo y el buen humor, necesario para mantenerla Dame, Señor, un alma sencilla que sepa sacar provecho de todo lo que es bueno y no se asuste cuando vea el mal, sino mas bien que se encuentre el modo de poner las cosas en su puesto. Dame un alma que no conozca el aburrimiento ni los refunfuños, suspiros o lamentos, y no permitas que me atormente demasiado por esa cosa demasiado incómoda llamada "yo". Dame, Señor, el sentido del buen humor. Amen